Depresión y Síndrome de Down

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Los casos de personas donde aparece Síndrome de Down junto con la depresión, son difíciles de diagnosticar debido a la manera en que se manifiestan los síntomas asociados a la depresión. Hasta hace poco tiempo, pasaban desapercibidos y no se trataban de la manera adecuada. Es por eso, que en estos días, mejorando el sistema de diagnóstico, vemos que los casos de depresión van en aumento.

Las personas con depresión (del latín depressio, hundimiento) se sienten tristes, hundidas, sin ganas de vivir. Las personas con síndrome de Down son personas muy vulnerables. Sus estados depresivos se pueden observar a modo de trastornos en la desorganización a nivel de pensamiento y de conducta o sentimientos de desconexión con en situaciones, lugares, personas.

Como prevención, es necesario un acompañamiento continuado al paciente y los familiares para detectar cualquier cambio comportamental a nivel relacional que le afecte a nivel personal o en relación a su entorno, la familia, su situación socio-laboral, etc. Puede pasar que el estado depresivo se confunda con el mismo diagnóstico del síndrome de Down (“es que como él es así…”) y la depresión no sea percibida.

El paso de la niñez a la adolescencia, es una etapa conflictiva que el niño puede vivir con dificultad, pudiendo desarrollar un cuadro depresivo, igual que en los momentos de pérdidas o duelos como la muerte de un ser querido, situaciones de pérdida o duelo (cambios de compañeros de convivencia, muerte de un ser querido, marcha de casa de un hermano). Otros factores que influyen suelen ser la sobre-exigencia en el ámbito escolar o de trabajo, el poco apoyo o trato infantilizante que reciben en el descubrimiento de su propia identidad o sus capacidades etc.

El tratamiento psicoterapéutico es imprescindible a la hora de intervenir para mejorar el estado de persona. Se trata de darle un espacio a su dolor, a su malestar de manera que pueda expresarlo, vivirlo, además de darle a apoyo y herramientas que le ayuden a gestionar la situación de dolor y malestar de una forma sana. La psicoterapia es una herramienta primordial en el tratamiento de la depresión independientemente de la edad de la persona. Se ha demostrado su validez a la hora de conseguir cambios a nivel de comportamientos, adaptación al entorno, la salud física y psíquica y el bienestar bio-psico-social del individuo.

Se recomienda evitar en lo posible la medicación y sólo administrar en casos muy extremos como estados de agresividad o autolesión, a menudo producidos por la incomprensión de la situación que está padeciendo la persona. Los efectos secundarios de medicamentos antidepresivos (entre otros, los tricíclicos, los inhibidores de la serotonia y/o noradrenalina, etc) necesitan ser paliados con otros medicamentos como los antipsicóticos, con lo que la suma total de dicha medicación acaba por “anular” a la persona, disminuyendo sus capacidades para ser consciente y para mejorar su situación por medios propios, dificultando también el proceso de psicoterapia, en el que los profesionales reconducimos al paciente para que desarrolle sus propio potencial de crecimiento y aprendizaje.

El ejercicio físico y el ocio son necesarios ya que ejercen un efecto muy positivo: potenciar la vida social y afectiva favorecen encarecidamente el estado de ánimo de la persona, pero sobre todo, un entorno que sirva de apoyo y que pueda favorecer la valía y autonomía de estas personas.

(Este texto recoge datos de la Revista Médica Internacional sobre el Síndrome de Down)

 

 

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