Poner palabras

 

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Disfruto mirando cómo la educa, cómo le trasmite su saber, su conocimiento, a través del cariño, la paciencia y mucho, mucho amor. Cómo respeta su propio tiempo y respeta el tiempo de su bebé, teniéndolo presente a cada instante: “Mi pequeña, voy al baño, te dejo aquí un momento, ahora vuelvo contigo”, le dice mientras deja a la niña sobre la cama. Le muestra los colores de las hojas, sus diferentes texturas, le señala el trinar de los pájaros y los colores del atardecer, cuando el sol se pone.

El otro día quedé con ellas para comer. Mientras me daba en brazos, le dijo: “Ahora te vas a quedar con Isa. Voy dentro a pagar y ahora vuelvo“. La niña me miraba y miraba a su madre, como si la pudiera entender lo que le había dicho. Estoy convencida de que los bebés entienden cuando nos comunicamos con ellos, a un nivel diferente del verbal.

Cuando estoy con ellas siento que el mundo interno de Margot, se va conformando bajo una base sólida que responde a lo que hay afuera. Margot tiene ahora 5 meses y me parece una personita sensible, que se siente vista y escuchada y que será capaz de ver y escuchar al otro.

Hoy en el avión de camino a Sevilla, tenía una pareja sentada delante, que viajaban con un niño pequeño, de unos 3 años. El pequeño lloraba porque no quería ponerse el cinturón de seguridad. La madre lo amenazaba: “Si no te pones el cinturón, no te llevaré a la piscina” Él seguía llorando y resistiéndose. Al final, ha viajado sin el cinturón, a pesar de los avisos de la azafata de que era obligatorio que lo llevara. “Estáte quieto ya, no toques eso, hoy te estás portando muy mal, eres un llorica…”

En ningún momento empatizaron con tu hijo, lo escucharon, miraron a los ojos, ni dijeron: “Cariño, entiendo que tengas miedo, yo también tuve mucho miedo la primera vez que me subí a un avión. Dame la mano, estoy aquí contigo. Mira, todas las personas están igual que nosotros, sentadas aquí, y todas llevan el cinturón, para subir al avión debemos de usar el cinturón”

Cuando el avión ha parado y los pasajeros, muchos ya en pie, esperaban a que abrieran las puertas para desembarcar, el niño pedía “pipi”. “La mamá ahora no puede hacer nada”, le decía la madre. Nadie le explicaba al pequeño la situación: mira al resto de los pasajeros, todos de pie, en ese momento había que esperar a que las puertas se abrieran. No tardaríamos en salir.

La manera de comunicarnos con nuestros hijos es muy importante, los mensajes que les transmitimos y cómo se los transmitimos determinan en gran parte su comportamiento. Cuando son pequeñitos, necesitan que nosotros, los papás, los cuidadores, le pongamos palabras a lo que sucede, a través de nosotros ellos entienden el mundo y aprenden a sostenerse.

 

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